Un año sin Ño Justo

Un año sin Ño Justo

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Faltándole diez días para cumplir sus 75 años de edad, hace un año nos dejó su ausencia el último patriarca en activo de la otrora gloriosa y exigente radio cartagenera.

Adelmo Jiménez Jiménez, Ño Justo o viceversa, se fue con el desencanto de ver como la radio y la comunicación en general de la ciudad día a día retroceden en calidad, en un sentido casi que directamente proporcional al en como avanza la tecnología de esta alucinante era digital.

Nacido un 8 de noviembre de 1937 en las antiguas ‘accesorias del obispo’, como eufemísticamente se llamaba a esa burbujeante corrala localizada en donde hoy está el ‘Conjunto Residencial Santo Domingo’ y antesala de la primera gran zona tugurial cartagenera que integraban los barrios de Pekín, Pueblo Nuevo y Boquetillo, Adelmo Jiménez Jiménez sintió e interpretó con solvencia y autenticidad los imaginarios populares del hombre Caribe colombiano, expuestos a través de la indignada y sorprendida expresión vernácula de un campesino, frente a los omnipresentes abusos del poder gubernamental y los excesos de muchos en la sociedad, aún cargada de privilegios en la época en que se estrenó su programa.

Ño Justo, su personaje instrumental, protagonizó en primera persona el sacudón a esa ‘caterva de vencejos’ con la que el ‘Tuerto López definió el espíritu remolón de los cartageneros posterior al ‘Sitio de Morillo’, cuya brutal represión probablemente marcó una tendencia conformista que nos ha llevado a ser tolerantes con los abusos, pasados y presentes en contra de la ciudad, el departamento y sus gentes.

El poner en boca y con el socialmente despreciado lenguaje de un campesino analfabeta y corroncho como Ño Justo la crítica a los abusos de un establecimiento excluyente y solariego como es el cartagenero, en el cabal sentido del término, indudablemente marcó un hito disfuncional en la manera de romper con la inconformidad callada o apenas musitada por casi todos.

El lema de “Cuando Ño Justo habla, habla el pueblo” que distinguió el sentido de su programa radial inaugurado el 25 de octubre de 1969, recogió la voz de los marginados de una ciudad con criterio excluyente, en donde al provinciano se le machacaba y aún machaca por sus señas provincianas, en un malévolo y frustrado intento por acallar su razonable inconformidad con los abusos de que permanentemente es víctima.

Por eso, ante la ausencia material del hombre que cambió y masificó la forma de protestar frente a los abusos y desviaciones del poder en Cartagena de Indias y Bolívar, solo queda el reto a los comunicadores y dirigentes populares de esta nueva época, de afinar las herramientas de nuestro tiempo, para encauzar la repulsa que las refinadas y chocantes maneras de abusar nos dejan en esta crucial hora de descomposición social.

Así, quizá, el espíritu crítico de Ño Justo o Adelmo Jiménez, tal vez podrá descansar en paz y la ciudad sacudirse de la mortal indiferencia, su principal lacra.

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