Así bebían los presidentes colombianos en las Islas del Rosario

“Así bebían los presidentes de Colombia en las islas del Rosario”

Durante muchos años, el coloseño Carlos Verbel, barman del Club Naval de Oficiales de Castillogrande en Cartagena de Indias y perteneciente a la Armada Nacional, lo fue también de la Casa Presidencial de las islas del Rosario desde cuándo esa estancia fue obsequiada por el industrial Rafael Fuentes al gobierno nacional a través del presidente Gustavo Rojas Pinilla.

Sobre esos “buenos tiempos”, como los califica, Verbel, que desde hace muchos años goza de su pensión de jubilación ganada tras años de servicios atendiendo presidentes y grandes personalidades nacionales y extranjeras que fueron huéspedes de los mandatarios colombianos, recuerda la manera en como los mandatarios colombianos disfrutaban al son de una buena y relajante libación, los desestresantes días de asueto en la Casa Presidencial de la Islas del Rosario.

Sobre su paso por este encargo, de ser el barman de los hombres más poderosos del país, rememora: “Bueno, te cuento que tuve muy buenas relaciones con los presidentes de Colombia: Alfonso López Michelsen y con Alberto Lleras Camargo, Guillermo León Valencia, Pastrana Borrero con quien estuve dos veces en Caracas, Venezuela”.

Sobre sus primeros años en el encargo de barman presidencial cuando se inició la andadura de la Casa Presidencial de las Islas del Rosario, indica: “Con Rojas Pinilla también, a quién le preparé cócteles en las Islas del Rosario y me hacía probarlos primero antes de repartirlo, pues claro, había desconfianza ya que Yo estaba muy jovencito cuando esa vaina”.

LÓPEZ MICHELSEN

Sobre a quienes de los presidentes les gustaba más el trago, precisa: “El presidente López Michelsen era muy tomador de trago y le gustaba el whisky con soda y, la soda fría, ya que no le gustaba que le pusieran hielo en el trago. Su whisky preferido era el Buchanans”.

OTROS GUSTOS

En cuanto a las preferencias etílicas del general Gustavo Rojas Pinilla, quién estrenó la Casa Presidencial de las Islas del Rosario al ser un regalo de un importante empresario cartagenero, Verbel señala: “Al general Rojas le gustaban los cócteles a base de vodka y jugo de naranja, como un destornillador”.

En cuanto a Alberto Lleras Camargo “lo de él era el tom collins y también se tomaba el daikiri y el dry martini”.

De Carlos Lleras Restrepo, por su parte, recuerda: “no tomaba y Misael Pastrana Borrero era jugo de naranja con vodka; ese era su preferido”.

En torno a las preferencias etílicas de las primeras damas, Verbel revive: “eran muy alegres y por lo regular preferían tom collins y whisky sour”.

Rememora con mucho cariño a la Niña Ceci, (Cecilia Caballero de López) esposa de Alfonso López Michelsen, de quien señala: “Cuando murió Ospina Pérez Yo fui quien le dio la razón, la noticia al presidente López: ‘Acaba de morir Ospina Pérez’ y dice enseguida la Niña Ceci. “Ah, pero quedó doña Bertha que es peor”.

En cuanto a un probable e imaginario retorno a esos viejos buenos tiempos indica: “bueno, carajo, fue una vida sabrosa, muy sabrosa la vida esa”.

Carlos Verbel, muy recordado por oficiales y civiles que de una u otra manera asistieron a los bailes y veladas en el Club Naval de Castillogrande por el tino en la preparación de cócteles, relata sus orígenes, así: “Yo nací en Colosó y me crié en Sincelejo y llegué aquí a Cartagena de Indias en 1944 cuando aún pasaba el tren de Calamar por aquí frente al Reloj Público”.

Sobre su vinculación a la Armada Nacional, tras su llegada a la ciudad luego de vivir en las poblaciones de Colosó y Sincelejo, cuando estas aún pertenecían al viejo Bolívar Grande que englobaba a los hoy departamentos de Córdoba y Sucre, relata: “Presté el servicio militar en la Infantería de Marina, cuando le sacaban la leche a uno ahí”.

Prosigue: “Como será que una vez estaba de centinela de playa ahí en el antiguo ‘Hospital Naval Nicolás Esguerra’ y de pronto llegó un oficial a pasar revista y le respondí: ‘sin parte de novedad’ y había justo en ese momento un soldado haciéndole el amor a una novilla y el oficial me dijo: ‘¡Se presenta a relación mañana!’;

“Al día siguiente, cuando nos presentamos a relación, nos encontramos conque cocinaron la novilla para que nosotros nos la comiéramos”.

” ¡A mí me dieron dos sablazos, pero Yo no me comí esa vaina”, concluye su corto relato sobre esos días felices, que fueron el tramo más largo de su fructífera y feliz vida y por los cuales hoy siente nostalgia.

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