Lo olvidaron el 13 de junio de 1953

Lo olvidaron el 13 de junio de 1953

Por Joaquín Franco Burgos.

Especial para periódico El Porvenir # 18 de 1999 propiedad de Luis Tarrá Gallego

Cuarenta y seis años después del 13 de Junio y desde esa fecha en 1953, las verdades sobre las causas del llamado golpe de estado y la caída del conservatismo no se han dicho.

Es conveniente recordar lo que se ha ocultado, y para ello basta leer el primer manifiesto, lanzado a los colombianos por el presidente titular y constitucional de Colombia Laureano Gómez Castro, desde el exilio, en julio de 1953, escrito en Nueva York, para que se conozcan muchas verdades.

Desgraciadamente para los colombianos, la enfermedad del presidente no le dio una oportunidad de gobierno mayor a los 14 meses. La sola conformación de su gabinete mostró el interés de Gómez en buscar la concordia entre los partidos tradicionales.

El ex presidente López Pumarejo acompañó al doctor Gómez a llegar a un acuerdo nacional, pero la negativa de otros sectores en aceptar la desmovilización de la guerrilla política en los Llanos Orientales y en el Magdalena Medio frustró ese propósito.

Laureano Gómez se retiró del ejercicio de la presidencia y buscó por todos los medios – lo impuso ante el congreso conservador – el nombre de un estadista, permanente colaborador de los gobiernos liberales, Roberto Urdaneta Arbelaéz, como su reemplazo en la designatura, una muestra más de los deseos del presidente en buscar la permanente armonía entre los colombianos.

Hay un testimonio del designado encargado del gobierno: “Laureano Gómez jamás tomó parte en los problemas de la administración” y fue permanente este reconocimiento sobre la prescindencia del presidente titular en los asuntos oficiales.

Dos episodios apreciados por el presidente titular durante la administración Urdaneta recibieron los calificativos de censurables: los sucesos del 6 de septiembre de 1952 y la forma como se manejaron sus consecuencias, calificadas por Laureano Gómez como una insurreción militar, justamente por lo desentendidos que se mantuvieron los jefes militares, que no acudieron oportunamente a impedir los desmanes del populacho.

Desbordamiento militar

Otro episodio de inconformidad para Laureano Gómez fue la muerte de un bandolero responsable de muchos delitos, que se asiló en la Embajada de Chile, después apresado y muerto en la cárcel por una institución militar llamada G – 2.

En el banquete de oficiales, a fines de mayo de 1953, en honor del designado encargado de la Presidencia de la República doctor Roberto Urdaneta Arbeléz, el general Gustavo Rojas Pinilla hizo dos declaraciones sorprendentes: “que la suerte del país estaba en sus manos” y “que el designado estaba sometido a ciertas presiones”. ¡Urdaneta nunca rectificó lo de las presiones!.

El caso de Felipe Echavarría demostró que la tortura se estaba aplicando en los patios de las instituciones militares, por lo que el presidente titular protestó y solicitó la destitución del responsable, el jefe de las fuerzas armadas general Rojas Pinilla.

A Gómez se le advirtió por parte del designado y del ministro de Guerra Lucio Pabón Nuñez de las consecuencias que ello acarrearía y que finalmente se dieron y fue entonces cuando Laureano Gómez reflexionó:
“Entonces vi cubierta de oprobio la república bajo el mando conservador. El liberalismo, contra cuyas injusticias protesté tantas veces, ésta infamia no la había cometido. Si se la toleraba ahora, cuando el alto gobierno conocía lo ocurrido, ¿cuántos abusos, delitos y atropellos que se habían cometido a sus espaldas, recibirían una tácita aprobación, comprometiendo su responsabilidad ante los contemporáneos y la historia”.

Y nadie puede negarlo, como lo recordó Laureano Gómez al decir:
“Yo hubiera podido refugiarme en mi enfermedad y mi inmenso duelo para fingir ignorancia de lo que ocurría. Pero llevaba la suprema investidura de la República. Mi comodidad personal tenía que desaparecer ante el cumplimiento de mi obligación”.

“Comprendí que había llegado una de esas horas en que se descubren las convicciones y se prueban los carácteres.

Colombia no podía pasar a ser un país bárbaro e inicuo sin que ocurriera algo, y ese algo solo era ya la prisión del Presidente de la República”.

El golpe

La grandeza de Laureano Gómez se mostró el 13 de Junio. Prefirió la prisión, el exilio en compañía de sus hijos, antes de que se gobernara en nombre del Partido Conservador, bajo la dirección oculta de Gustavo Rojas Pinilla.

Pero la historia de la caída del Partido Conservador del gobierno no se inicia el 13 de Junio, sino que esa es la fecha de su culminación.

Nadie puede negar que el candidato presidencial en el momento de la reconquista en 1946 era el jefe del partido Laureano Gómez. Pero él sabía, que esa postulación serviría para unir a los jefes liberales, frustrando la posibilidad de triunfo para los opositores conservadores.

Soy un convencido, de que si el senador bolivarense y codirector de El Siglo José de la Vega no muere antes de la división liberal, hubiera sido el candidato natural del conservatismo a la primera magistratura.

Muerto De La Vega, Laureano Gómez inclinó la balanza a favor de un estadista no combatiente. Pudo también hacerlo en esos momentos a favor de Roberto Urdaneta Arbelaéz, sobre quién al igual que Mariano Ospina Pérez no se guardaban resentimientos de oposición al régimen liberal.

Laureano Gómez como jefe del conservatismo jamás intervino en las decisiones del gobierno de Ospina Pérez. Fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores y destituido del cargo siendo presidente de la IX Conferencia Panamericana reunida en Bogotá en 1948.

Gómez conoció de su destitución cuando se encontraba recluido en el Ministerio de Guerra, en momentos en que una muchedumbre borracha lo pedía para matarlo.

Nunca tuvo resentimientos por esa destitución y cuando hubo oportunidad prestó apoyo al gobierno legítimo, pero, por recomendaciones del presidente Ospina, el jefe del partido Laureano Gómez, – El hombre tempestad, como lo calificara Valencia – en compañía de su familia se ausentó del país.

Ospina, bien pudo haberle encomendado una misión diplomática en el exterior, pero las condiciones de colaboración de los liberales con el gobierno habían impuesto que nada para Gómez.

División conservadora

Cuando Laureano Gómez llegó a la presidencia de la República el 7 de agosto de 1950 en su discurso de posesión clamó por la vida, censurando la violencia.

Anunció un nuevo estilo de gobierno y pidió el entendimiento con el Partido Liberal. Éstas tesis mortificaron las intenciones de reelección del ex presidente Mariano Ospina Pérez, quién de inmediato inició campaña para regresar al Palacio de Nariño. Tal actitud disgustó a Gómez y allí vino la ruptura.

Un episodio, de los que solamente Laureano Gómez sabía esgrimir, se presentó en un pueblo boyacense, cuando el alcalde municipal invitó al ex presidente Ospina y al presidente Gómez a inaugurar sendos bustos de los estadistas conservadores.

Ospina se presentó puntual al acto y en sentido discurso agradeció el homenaje y retiró la bandera que cubría su figura en bronce.

Cuando se iniciaron las lamentaciones y excusas por la ausencia del presidente Laureano Gómez, pidió la palabra uno de los porteros de palacio para leer una carta del jefe conservador pidiéndole al alcalde anfitrión retirar su busto, porque no era merecedor de él y además, claras disposiciones legales prohibían la realización de esa clase de homenajes a personas vivas y mucho menos presentes.

La indignación de Ospina fue aterradora y unido con Gilberto Alzate Avendaño iniciaron una campaña en contra del gobierno Gómez, rechazando la presencia de Urdaneta Arbelaez en la designatura, la cual pretendía Alzate a raíz de la enfermedad de Gómez para gobernar.

Por ello, la oposición a los gobiernos de Gómez y Urdaneta fue feroz y antes, nunca Ospina lo había hecho durante los mandatos liberales.

Cuando Gómez llegó a la presidencia pidió que el contralor y procurador fueran figuras de la mayor importancia en el Partido Liberal. Enfermo Gómez, Ospina y Alzate con las mayorías en el congreso cambiaron las reglas.

Es importante anotar, que la primera acción de gobierno del dictador general Rojas Pinilla fue nombrar por decreto a un coronel, Alberto Ruiz Novoa, como su Contralor, siendo éste de menor rango en el escalafón militar, ejemplos que muestran los estilos de gobierno.

¿Golpe de opinión?

Darío Echandía dijo que lo ocurrido el 13 de Junio era un golpe de opinión. La opinión la expresa el hombre de acuerdo con las circunstancias; la peor experiencia que tuve a raíz del 13 de Junio lo advertí en los aplausos para Rojas Pinilla, ofrendados por personas que antes estaban dispuestas a dar la vida, así lo decían, por Laureano Gómez.

Esa situación, solo puedo compararla con la que se dio el 10 de Mayo de 1957, cuando en la plaza pública gritaban en contra de Rojas Pinilla quienes hasta el día anterior habían anunciado ofrecer sus vidas por el dictador depuesto.

*Sería esa la opinión a la que se refirió el pensador liberal?

Laureano Gómez invitó al Partido Liberal, pero al liberalismo de verdad, buscando así la armonía entre los colombianos. El ex presidente Eduardo Santos ordenó Fe y Dignidad. Quienes se acogieron a esa orden, merecieron respeto. Unos pocos, calificados de liberales lentejistas trataron por todos los medios de conseguir una colaboración con Gómez y éste los rechazó por que no eran la representación legítima del Partido Liberal.

Gustavo Rojas Pinilla nombró lentejistas en la Asamblea Nacional Constituyente y fueron estos los más ardientes defensores del régimen imperante.

El Partido Conservador se cayó el 13 de Junio de 1953. Yo diría que ese proceso arrancó en octubre de 1951.

Todo partido cuando se divide en el gobierno sucumbe y mucho más, si posesionado el designado Urdaneta Arbelaez, las influencias del jefe militar Gustavo Rojas Pinilla estaban a la vista, pero diciéndose gobierno conservador.

Por eso Laureano Gómez cortó de raíz esa ofensa. ¿Gobernaba Urdaneta o mandaba Rojas? Ese era el dilema y Gilberto Alzate en su oposición, ante el menor atisbo de que regresara Gómez al poder, gritó en las páginas de Eco Nacional: ”General, salve usted la patria” meses antes del 13 de Junio de 1953.

Pero, ¿hasta qué momento el golpe fue de opinión?.

Para los jefes liberales, en el momento de conformarse el gabinete rojista, y ser ignorados, eso no importaba. Lo alegre estaba en la caída de Laureano. Vino un episodio lamentable, recordando las criticas al gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez, con la muerte accidental de Bravo Pérez en 1929; las mayorías liberales, Ospina Pérez y sus amigos y Alzate Avendaño y sus seguidores, corrieron a palacio a testimoniar su apoyo de dirigentes a Rojas el 9 de junio de 1954; pero ya lo popular, la opinión popular no bailaba en las calles y en la Plaza de Bolívar de la capital.

Retorno frustrado

Laureano Gómez reaccionó solitario frente a éstos desmanes y acompañado de un puñado de amigos, desde Madrid, enfermo, llegó a Caracas. Los aeropuertos colombianos se convirtieron en fortalezas militares con la orden de no dejarlo pisar el suelo de su patria, pero si insistía, debía ser muerto.

Cuando se presentaron los episodios de mordaza y cierre de la prensa que no aplaudía los acontecimientos gubernamentales, los jefes liberales empezaron a meditar.

Los amigos de Ospina y Alzate se disputaban con los lentejistas liberales en la asamblea constituida para la reelección de facto. La sangre vertida en el circo de toros La Santamaría de Bogotá demostró una vez más el estado de indefensión que era necesario cortar de raíz. Así se inició el Frente Nacional en Benidorn y Sitges.

Gobierno ¿de quién?

Pero, ¿quienes gobernaron a partir del 13 de Junio?
¿Gilberto Alzate? A pocos meses de aplaudir a Rojas, ya estaba decepcionado.

¿Ospina Pérez? En la tarde del 13 de Junio sintió alejar sus aspiraciones reeleccionistas, aunque logró introducir a varios de sus amigos en la burocracia reinante.

¿El Partido Liberal? Aplaudió y festejó la caída de Laureano Gómez, mientras sus jefes estuvieron pendientes de la llamada de ofrecimiento burocrático por parte de Rojas Pinilla y las decepciones se iniciaron de inmediato.

Alfonso López Pumarejo manifestó sus preferencias por un gobierno homogéneo conservador, con Laureano Gómez al mando y no lo que se estaba perfilando.

Pero, entonces, ¿fueron los militares?. Algunos de ellos recibieron llamados a ministerios, gobernaciones, alcaldías, institutos, pero las decisiones de mando estaban en manos de Gustavo Rojas Pinilla.

Aquí en el Departamento de Bolívar tuvimos militares gobernando como los casos del coronel Luis Millán Vargas y el alcalde de Cartagena Hernando Cervantes Z., intachables y a quienes recordamos con cariño y nostalgia, pero con ellos, el gobierno, el mando se sentía desde la capital de la República.

Esto que llegó al poder, cuando culminó la caída del Partido Conservador del gobierno tampoco fue militar. Recordemos: no fue con uniformados con quienes se unió Rojas Pinilla para instalar un teléfono directo desde el Palacio de Nariño hasta un juzgado civil del circuito de Cartagena, ordenando bajo amenazas del G – 2 que nadie interviniera en la pública subasta de los bienes de la Empresa Azucarera de Berástegui en liquidación.

No fueron los militares. Fue el socio y amigo íntimo de Rojas, Narciso Díaz, quién le acompañó en éste escándalo, uno de los tantos que llevaron la corrupción oficial en esa administración.

No fueron los militares, fue el propio Gustavo Rojas Pinilla quién ordenó fusilar a Enrique Gómez Hurtado cuando el hijo de Laureano, desde un balcón del Palacio de Nariño, apresado, reducido, recibía los insultos de una muchedumbre equivocada y como respuesta entregó el significativo desprecio para los ignorantes.
Los militares no obedecieron las ordenes de fusilamiento en la Plaza de Bolívar.

Dijo Rojas Pinilla que inmediatamente tomó el poder, dictó un decreto reconociendo a los ex presidentes en el exterior una pensión de tres mil dólares. Lo del decreto es cierto, como también lo es que Laureano Gómez no los aceptó mientras su mandato constitucional estuvo vigente.

Dicen los pocos amigos de Rojas Pinilla, los del M – 19, por ejemplo, que el dictador ha podido ordenar a la tropa disparar en contra de las manifestaciones que pedían su retiro del poder. ¡ Los militares no le hubieran obedecido!

Por ejemplo, en Cartagena de Indias, el comandante de las Fuerzas Militares, el hoy retirado almirante Orlando Lemaitre Torres, se hubiera negado a ello, y su comportamiento como jefe militar de la plaza, evitó el derramamiento de sangre en esas fechas aciagas.

No podemos negar, que excelente gobierno, el mejor de todos, después de octubre de 1951, fue el que disfrutamos con la Junta Militar 1957/58.

Ellos eran militares, Rojas Pinilla también fue militar: “pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa” como dijo Soto del Corral, porque también es cierto que éstos son algunos episodios que a veces se quedan en el tintero, cuando se escribe sobre el 13 de Junio de 1953.■

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