Vender suero no paga dijo Sincelejo

Habla Sincelejo: ¡vender suero no paga!

Por Ron White

(Publicado en la Edición 18 del periódico El Porvenir de propiedad de Luis Tarrá Gallego año de 1999)

Sus primeros zapatos los calzó a los quince años de edad después de haber ahorrado durante dos.

Es uno de los episodios de la historia de Manuel Cárdenas de Avila, un sabanero de 58 años de edad y 43 de vivir en La Heroica, donde todo el mundo le conoce no sólo por su remoquete de Sincelejo sino por sus rutilantes cadenas y esclavas, motos de alto cilindraje y último modelo y ¡por preparar los mejores y más sabrosos cócteles de mariscos de la ciudad.

Salida accidentada

“Salí de mi pueblo cuando tenía 13 años, huyéndole a la mala situación que había en mi casa. Me despedí a la una de la madrugada y logré llegar a la carretera a las once de la mañana, luego de atravesar lodazales y breñas que por poco no me dejan llegar. Había quedado huérfano y soy el tercero de siete hermanos”.

Natural de Don Gabriel, hoy Departamento de Sucre, cuándo llegó a Cartagena se dedicó a vender tinto, paletas y cigarrillos por la calle.

Vivía en el Hotel Central de los Paternina, unos conocidos de Chalán, Sucre, que le dieron la mano recién llegado a la ciudad.

Nunca asistió a la escuela por la difícil situación que se vivió en su hogar paterno. Su padre, agricultor, tenía más malas que buenas rachas, de allí el rosario de dificultades de la familia Cárdenas De Ávila. Su madre, mujer de hogar, murió de un esfuerzo que hizo estando en cuarentena.

Aprendió a leer a solas, ayudándose con la observación de los “paquitos o muñequitos” de Santo y Juan Sin Miedo, por cuyas actitudes empezó a comprender lo que decían las letras, hasta que se familiarizó con ellas.

Nada de suero

“Llegué a éste sitio el 4 de diciembre de 1953 cuando La Matuna era sólo un playón polvoriento en el que los muchachos se dedicaban a jugar béisbol. He visto crecer éste lugar, en el que muchas veces dormí.

Los primeros edificios en construirse fueron el “Fernando Díaz”, “David” y después el del “Banco Popular” en donde quedó la estación del ferrocarril.

El” Ganen” , “Araújo”, “Cafetero” y “Caja Agraria” fueron después y creo deben tener por ahí unos 38 años de hechos y los otros 40.

Recuerdo la tragedia que se vivió cuando se construía el “Banco de Bogotá” y a uno de los obreros lo mató el martinete con que enterraban los pilotes de las bases” señala Sincelejo con la fluidez y sencillez que lo han hecho popular entre sus clientes y amigos.

“No me dediqué a vender suero porque aquí a la gente lo que le gusta es la basura esa que venden por ahí mezclada con maizena, ya que no saben de eso.

Al principio, en éste mismo sitio en que hoy estoy, vendía, ya de fijo, paletas y tinto.

Posteriormente en 1966, siendo alcalde Gustavo Lemaitre Román e inspector de Policía Hugo Camargo Ortíz, me dieron un permiso para estar aquí legal. Todos los negocios estaban para esa época malos y la novedad era la venta de cócteles de mariscos. Con la plata que había logrado reunir, compré mi primer kilo de camarones, mayonesa, cebolla, ajo, salsa de tomate y una nevera de palo con la que empecé, hasta hoy bien, a Dios Gracias”.

Mientras dialoga, prepara los cócteles que durante treinta y tantos años han sido los favoritos de los cartageneros y foráneos que llegan a diario a su negocio a disfrutarlos.

“Al principio los vendía a $1 los sencillos y a $2 los dobles. Aunque parezca mentira, a esos precios el negocio rendía más que hoy que los vendo a $ 1.300 y $2.600”.

Considera que la fe en Dios y el no haber fiado nunca son parte del éxito de su vida, en la que ha tenido 12 hijos, 8 con su primera mujer, de los que han fallecido 3.

Amante además del fisiculturismo, al que llegó por la moda que se dio hace algunos años en las playas de Marbella, a las que asistía periódicamente a hacer ejercicios.

“Habían unos mancitos, todos fornidos, que se creían la mamá de Dios y se la pasaban guapiando.

Yo, aunque nunca he peliado porque no me gustan los líos, me hice el propósito de volverme cuajado y allí empezó mi afición por las pesas, que aún hoy levanto”

Vendo mi moto

Después de años de ser el dueño de las mejores motos que han rodado por Cartagena, Sincelejo se prepara hoy para vender el último de éstos artefactos que le queda.

“La ciudad se ha vuelto muy peligrosa y nadie respeta la vida de los motociclistas. Durante las fiestas del Once de Noviembre, un irresponsable casi me mata a mí y a mi mujer por andar por ahí todo alocado” concluye éste personaje de la vida cartagenera, que entre tintos, paletas, cigarrillos y cócteles de mariscos logró hacer de su vida algo interesante y triunfante, tal como lo soñó cuando decidió venirse para acá hace nueve lustros.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s